Vestir la túnica

ronto llegará el día en que un rumor en nuestra sangre nos despierte de un largo letargo, el sol irá ganando levemente el pulso a la noche y el retorno cotidiano se transformará. Entonces, una carta remitida por la Hermandad nos confirmará que el momento soñado se acerca, recuerda la obligación de acompañar a Nuestros Titulares en su anual estación de penitencia y nos indica los días y las horas en que podemos recoger la papeleta de sitio.
Paralelamente a esto, en nuestras casas, viviremos un instante íntimo, silencioso y personal. Del armario sacaremos, repleta de arrugas e impregnada de olores semana-santeros, la túnica de ruán negro señalando el inicio del rito penitencial.
La túnica se convierte en protagonista anónima de la Semana Santa. Es depositaria de tradiciones, conocimientos, orgullos y sentimientos. Encargada de mantener nuestro anonimato, será testigo de promesas, oraciones, sueños, peticiones y de algunas lágrimas derramadas sobre el antifaz.
En la madrugada del Viernes Santo será nuestra fiel compañera y confesora de secretos. Nos hará participes del prodigio de cada primavera y viviremos momentos llenos de emoción y fervor. La humilde túnica estrecha lazos familiares, refuerza amistades e iguala a todos sin entender de clases sociales o nivel cultural.
Pero desgraciadamente, nos olvidamos con facilidad de la túnica dejándola arrinconada en lugar oscuro. En los últimos años noto con preocupación como el número de nazarenos va descendiendo lentamente en nuestro cortejo. Muchos hermanos alegan que su edad se lo imposibilita cuando en realidad la mayoría no llegan a los cincuenta, otros se quejan de la incomodidad del capirote o del cansancio en las sucesivas paradas. Estas excusas fáciles desvirtúan por completo el sentido de la estación penitencial, y lo que es peor, dan un mal ejemplo a las generaciones venideras, herederas de una tradición que debe perdurar en el tiempo.
Echo de menos la presencia de hermanos veteranos en nuestro cortejo, ellos fueron los que con ilusión y trabajo forjaron lo que hoy es nuestra Hermandad y sin embargo en el día más especial del año no hacen acto de presencia revestidos con el hábito nazareno.
Comprendo que el estado de salud o la lejanía de algunos no se lo permita, otros dejaron este mundo para ir a la Gloria del Padre Eterno, pero… ¿dónde están el resto?, no los veo, o mejor dicho, los veo pero no en el lugar que les corresponde, en el cortejo penitencial dando ejemplo a los demás como cofrades expertos que son.
Quisiera terminar estas líneas, pidiéndote Querido Hermano, que te vistas este año y salgas acompañando a Nuestros Titulares el Viernes Santo, porque vestir la túnica significa impregnarte de Cristo y María, porque salir de nazareno significa amar al Cristo de la Buena Muerte y a María Santísima del Dulce Nombre.