Modo de Sentir

a que tengo esta oportunidad de poder expresar, o al menos, intentar transmitir con palabras la sensación que produce el “vestir” a Nuestra Santísima Madre del Dulce Nombre, quisiera aprovechar estas líneas para rendir cuentas a la persona que me supo enseñar, desde pequeño, el sentir y el amor hacia el mundo de las hermandades y cofradías, inculcándome todo el arte y el buen hacer a la hora de “vestir una imagen”, sin poder agradecer todo lo que ha hecho por mí, mi Tío Carlos.
Toda esta pasión no tendría lugar fuera de otro ambiente que no sea el de mi familia, la tradición, la cultura, la religión, el amor… A mi parecer, el vestidor es, sin duda, aquella persona por la cual, la hermandad deposita su confianza para arreglar o engalanar a sus imágenes titulares, siendo éstas lógicamente “de vestir”; generalmente la representación de la Virgen Dolorosa.
A la hora de vestir una imagen se debe tener en cuenta (aunque a veces no se aplica), la personalidad de ella, el carácter de la hermandad y los propios gustos de la devoción popular. En primer lugar: el respeto, siendo consciente de la labor que se realiza y la responsabilidad de no alterar el estilo que el tiempo ha otorgado a cada imagen, contribuyendo a mejorarlo y sin contradecir lo que el mismo pueblo demanda.
A lo largo de la historia se han ido estipulando una serie de “normas”, “estilos”, e incluso, “cánones” a consecuencia de las modas de cada época. Tendencia por el relleno, formas exageradas cubriendo detalles importantes de dichas imágenes como el cuello, entrecejo, perfil e incluso, la corona no parece descansar sobre la cabeza. También el gusto por la estrechez, los mantos aparecen sin ningún tipo de relleno y bastante simplicidad en los tocados.
Actualmente hay una tendencia a las formas estrechas, pienso que algo excesivo. Esta situación se daba a principios de siglo a consecuencia de las dimensiones de las andas algo más reducidas que hoy en día, pudiendo resultar desproporcionado con el tamaño de los pasos como actualmente lo conocemos.
Aún vistiendo a cada Dolorosa del color que corresponde según la temporada litúrgica y sus fiestas, no a todas las imágenes les favorecen todos los colores tradicionales, como por ejemplo el de la Inmaculada (manto celeste y saya blanca), mes de los Difuntos (riguroso negro), Cuaresma (de “hebrea”, manto azul y saya roja, siendo éstos los colores representativos de la Virgen)… es cuando el vestidor debe intervenir en el momento de confeccionar el color de la ropa, siendo él una de las personas de la hermandad que mejor conoce la fisonomía de la talla, buscando lo más adecuado a la categoría y seriedad de dicha imagen.
Por lo general, y debida a una cierta experiencia, los colores oscuros son los que mejor sientan a nuestras Dolorosas, aún siendo de mayor o menor factura artística. Hay también distintos tipos de tocados, influyendo el color, la calidad y, por último, el estilo, dándole la personalidad enmarcando el rostro de la Virgen de forma suave y delicada, pudiéndola contemplar desde diferentes ángulos con claridad sin que dificulte ninguna blonda de encaje. Es curioso que según la forma de colocar el “rostrillo” y el “pecherín” puede cambiar al estado anímico de Ella, resultando
Es difícil expresar la relación que se produce entre el vestidor y la Imagen. La cercanía, el contacto, la proximidad hace que exista un diálogo interno entre ambos. Es un momento íntimo en el que Ella se vuelve cómplice de tus intenciones. Soy consciente del privilegio que tengo de poder contemplarla, ya no como una Reina, sino como algo más que no soy capaz de expresar.
Las imágenes “de vestir” están realizadas para lo que su nombre indica, de vestir. Es por esa, la razón de que nadie tenga acceso a la hora de desvestir y cambiar a Ntra. Stma. Virgen, como el respeto que debemos tenerle a Ntra. Madre. Mi tío Carlos me enseñó que la luz de dos cirios envuelve de respeto y amor su Talla Sagrada mientras es arreglada. Una vez acabado, sólo llena de satisfacción comprobar que multitud de ojos que rezan y la contemplan, diciéndole piropos, a la vez que permaneces a un lado apartado de todo, como si no hubiese tomado parte de ello. Pienso por un momento que, Ella se ha vestido para que la vean sus hijos. Este anonimato me hace ser una persona entusiasta del arte y que ama por encima de todo a su Madre.
A mis hermanos de la Hermandad de la Buena Muerte.