El Amor

stimado Hermano/a en Cristo. Precisamente con estas mismas palabras se nos anuncian e informa por parte de nuestra hermandad, de los próximos Cultos y actividades a celebrar en estos días. Pues bien, antes que nada quiero que quede claro que mi intención con estas torpes letras, (mejor dicho, torpe es el uso que hago de ellas) y aunque pueda parecer lo contrario, no es más que ensalzar estos actos y animar a mis hermanos que disfruten de ellos. Pero ahora bien, una vez dicho esto, me pregunto cual sería la forma y manera de realizar estas actividades para un mayor provecho de nuestras almas.
Sin querer divagar mucho, una manera de hacerlo, y no digo que se la única, podría ser en realizarlo en espíritu y en verdad, y aquí surge la cuestión: cómo se hace esto. Pues podríamos empezar por darle mayor importancia a la actitud que tomamos ante los Cultos cuaresmales, me explico, no es tan importante el dónde sino el cómo. Con esto no estoy descubriendo nada, ya lo se. Y tampoco cabe duda de que un Altar de Culto como Dios manda y dentro de un marco tan bello como es la Iglesia de Victoria, ayuda y mucho al recogimiento y a la elevación de los corazones. Pero es de un corazón limpio de donde salen las oraciones sinceras. Es nuestra devoción la que nos predispone a un acto de la voluntad del que se ofrece a sí mismo a Dios para el servicio. En este sentido, qué nos distingue a los creyentes de los que no lo son, y como San Agustín lo expresa mucho mejor que yo, lo cito a continuación:
“Es la caridad la que distingue a los hijos de Dios de los hijos del diablo. Podrán todos signarse con el signo de la cruz de Cristo, responder todos “Amén”, cantar todos “aleluya”, hacerse bautizar todos, entrar en las iglesias, edificar basílicas; los hijos de Dios no se distinguen de los hijos del diablo más que por la caridad. Los que tienen caridad, han nacido de Dios; los que no la tienen, no han nacido de Dios. Si te falta esto, todo el resto no te sirve para nada; pero si te falta todo lo demás y no tienes más que esto, tú has cumplido la ley.”
El amor es la contraseña, la única contraseña de los servidores de Jesús, “Por el amor que os tengáis los unos a los otros reconocerán todos que sois discípulos míos” (Jn 13,35). Si tenemos en cuenta que la tora señalaba seiscientos trece mandamientos, y que Jesús solo impone uno, el amor, nos daremos cuenta de su importancia.“Este es el nuevo mandamiento que os doy: ¡Amaos los unos a los otros como yo os he amado a fin de que vosotros también os améis unos a otros!” (Jn 13,34).Se podría decir que es el resumen de toda su predicación. La salvación no se consigue con méritos, ni el hombre es capaz de ganarla por si solo, sino que la salvación es un regalo, es ofrecida gratuitamente por Dios a través de la muerte por amor de su Hijo. Los propios apóstoles ya entendieron esto a la luz de la Resurrección, la nueva y definitiva alianza no se sellaría con la sangre de corderos y toros; es otra sangre más alta la que salvará a todos por el amor. Muchos años antes de la muerte de Jesús, ya se referían a ella:
“No quisiste sacrificios ni oblaciones, pero me has preparado un cuerpo. Los holocaustos y sacrificios por el pecado no los recibiste. Entonces yo dije: He aquí que vengo para hacer - Dios mío – tu voluntad” (Sal 40).
Preparémonos pues para vivir unos Cultos cuaresmales, todo lo bonito que se quiera externamente y con un Altar lo más digno posible, pues Dios no merece menos, pero sin olvidar vivirlos con el corazón en pié, encaminado a Él.