Nació Jesús, me hice niño con Él

nte todo, volver a agradecer a la hermandad que desde estas humildes líneas pueda haceros llegar algo tan querido para mí como es el sentimiento hacia este tiempo especial, en el que el aire se carga de ilusiones hechas de miel y luces de colores.
Todos los años llega. No falta ni uno. Es una sensación de que algo grande, muy grande, va a ocurrir de un día a otro. Es una inquietud que me lleva a canturrear entre horas, aunque sea para mis adentros, aquellas letras que mis mayores se sabían de memoria. Es una falta de sueño, porque sé que tres Reyes, que vienen desde muy lejos, y que son verdaderos magos (porque son capaces de quitarnos muchos, pero que muchos años de encima), me vuelven a traer el mas preciado de los dones: la salud, sin la cual no podemos conseguir nada más. Es llenar un tablero de figuritas que narran en su silencio la historia de Amor mas bella que ha existido nunca. Es una comunión universal, con mi pueblo, el pueblo de Dios.
Sí, cada año llega, ya queda muy poco para que ocurra, y todo el orbe sobre la faz de la Tierra, porque así lo creo firmemente, debería cantar de nuevo aleluyas cuando nace Jesús, nuestro Salvador, el salvador del Mundo, la humanidad debería danzar sin miedo al ridículo, como los niños.
Mirad, si el hombre no fuera capaz de perder su condición de adulto, creéis que podría entrar en el Reino de los Cielos. Yo creo que no, porque al Padre hay que ir como un hijo, como el hijo que pone su confianza en sus paternales cuidados, que se abandona a su Amor, como nos viene el niño de Belén. Seamos niños. ¡Qué importa!.¿ No decimos que nuestros pequeños ( y ahora que Dios me ha bendecido doblemente en mi familia lo puedo asegurar) son lo mas grande que tenemos, nuestros tesoros?. Pues los niños juegan, cantan y se divierten, riñen y al instante se reconcilian, y vuelven a jugar, a cantar y a divertirse.
El cuerpo de un niño es tan pequeño que no cabe dentro la maldad. Es tan frágil, que el odio lo destrozaría en un instante. Pero su Alma es capaz de albergar todo el Amor del Mundo. Su lenguaje es universal, y por lo tanto no distingue de fronteras ni razas, ni condiciones, ni grupos.
El cuerpo de un niño es tan pequeño que no cabe dentro la maldad. Es tan frágil, que el odio lo destrozaría en un instante. Pero su Alma es capaz de albergar todo el Amor del Mundo. Su lenguaje es universal, y por lo tanto no distingue de fronteras ni razas, ni condiciones, ni grupos.
Despojémonos de nuestros títulos, grados y demás superfluas condiciones, y saquemos de cara a los demás a los niños que debemos ser. Seguro que nuestro entorno nos lo agradecerá, lo pasaremos mejor y daremos verdadero sentido a la vida.
Paz y Bien a todos.