María, poderosa mediadora ante su Hijo

anta Madre de Dios, vivió con humildad su unión a Jesús, a través de su fidelidad a la voluntad del Padre, que con obediencia acoge la Palabra de Dios engendrando a su mismo Hijo. Es en ella donde los cristianos vemos reflejada las esperanzas de los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

En la Iglesia es una costumbre muy antigua dedicar el mes de mayo a la Virgen. Mayo es llamado el mes de las flores, porque se ofrecen flores a María; destacando muy especialmente el cariño de los cofrades hacia nuestra Señora en este mes.

También el Santo Rosario es muestra de ese acercamiento a Jesús, por medio de su madre y nuestra, resaltando en la Letanía la repetición constante de la frase “ruega por nosotros”, como muestra inequívoca de esa intercesión que reconocemos todos los católicos a María. Destacar la primera intercesión de la Virgen en la Biblia, en las bodas de Canan, en la transformación del agua en vino, de hecho el primer milagro de Cristo en público (Jn 2,1-11). Otra muestra del destacado papel de María en la redención, es lo que la tradición oral cristiana dice cuando Jesucristo vino a por Ella, y que se la llevó viva, pues es Dios de vivos y no de muertos (Lc 20,38), escena que casi se puede intuir en los ojos de Amor y Sacrificio, jerezana reina del barrio de Madre de Dios.

Es en María donde Dios formó en sus entrañas un cuerpo como el nuestro y un alma como la nuestra, instante de la concepción del unigénito de Dios. Por la Segunda Persona de la Santísima Trinidad el Hijo de Dios quedó hecho hombre sin dejar de ser Dios, divino misterio de la Encarnación. Hay alguien mejor para interceder por nosotros ante Jesús que su propia Madre, yo creo sinceramente que no. María es Madre de la Iglesia, así fue proclamada en el año 1964 en el discurso de clausura de la 3 Sesión del Concilio Vaticano II. Que Jesús encargue a Juan que se ocupe de su Madre es perfectamente normal; lo que no es normal es el encargo paralelo a María diciéndole que cuide con cariño de Juan. En Juan estamos todos representados. Además, allí presente estaba la madre de Juan. Encargar a Juan a María sería ofensivo para su madre María Salomé. No hay duda de que en las palabras de Jesús hay un sentido más profundo de lo que parecen indicar: Jesús entrega una MADRE a la HUMANIDAD.

Es por ello que debemos acudir a la Santísima Virgen pues Dios se lo concede todo. Dios ha querido servirse de ella en la encarnación, en la redención y en la salvación de todos los hombres. Así pues, el culto a la Virgen María no puede quedar al margen de la espiritualidad cristiana, Ella acogió la palabra de Dios, la puso en práctica con humildad, caridad y espíritu de servicio.

Desde el Génesis hasta el Apocalipsis existen indudables referencias a la Madre del Salvador, modelo a imitar. Curiosamente en el Corán se habla también de la Virgen María y hay musulmanes que la veneran y visitan sus Santuarios.

Desde aquí quiero hacer una reflexión para que a través de la madre de Dios, y madre nuestra, nos acerquemos a su Hijo, sirviéndonos de su ejemplo llevando una vida de servicio, de amor a nuestros hermanos, buscando y resaltando los puntos que unen a los miembros de una Hermandad, y ser capaces de limar las asperezas y solventar los desencuentros que inevitablemente surgen en cualquier colectividad.