Ser Costalero

vocados como estamos a pasar por el desierto del estío, tiempo de paréntesis en los quehaceres cofrades, tiempo de tomar fuerzas para lo que se avecina tras el letargo veraniego, me asalta la necesidad de compartir con mis hermanos de la Buena Muerte, algunos de los sentimientos a través de los que entiendo mi vida en la fe cristiana.

Desde los comienzos que conocemos de la existencia del pueblo de Dios, desde el inicio de su plan de salvación, creo que a nadie se le escapa la abundancia de carismas, la diversidad de personas, de maneras de hacer que el Divino Padre diseña y estimula a través de los tiempos. Esta diversidad ha llegado hasta nuestros días, y se manifiesta en la Iglesia toda. Como cuerpo, místico, pero cuerpo al fin y al cabo, necesita y precisa de todos los órganos, de todos los sistemas, de todos nuestros sentidos y potencias. Necesita de todos, de todos los que unidos bajo un único Espíritu Santo, ponen sus mejores intenciones en la defensa y proclamación de una fe, tan denostada hoy por hoy.

Y en este contexto de diversidad interna y adversidad externa, yo elegí hace ya algunos años un camino, un camino oculto para muchos cristianos, y por cuya revelación le doy gracias a Dios. Oculto para muchos cristianos porque no han tenido la suerte de nacer en esta bendita tierra - de María como nos gusta llamarla - y no han tenido acceso a nuestras también benditas tradiciones, y camino por el que doy gracias pues como don y galardón lo tengo. Yo soy costalero. Me siento costalero. Vivo mi cristiandad como costalero.

Se que esta vocación durará en mí mientras viva. Estoy seguro de que cuando no pueda ser costalero que ayude con mis fuerzas desde el mundo de la trabajadera, seré costalero de madrugadas silentes, revestido del santo hábito nazareno, si Dios así lo quiere, y tendré que ir dando chicotás de oraciones, dando gracias porque muchos años la llevé sobre mis hombros, pidiendo por los que la lleven en esos momentos, y rogando al Padre para que no falten vocaciones costaleras nunca, sobre todo que quieran sentir como la gracia del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, y de María Santísima del Dulce Nombre - y ojalá algún día de nuestro Apóstol Señor San Juan - se derrama sobre ellos.

Hermanos, yo no me imagino un alba de Viernes Santo lejos de nuestros Sagrados Titulares cuando transitan en esas penitenciales horas por las calles de Jerez. No me imagino un Viernes Santo a las cuatro de la mañana sin que se me coja un pellizco en el alma... Es tan bonito vivir esas sensaciones, y es tan bonito vivirlas como costalero...¡ ojalá pudiera haceros llegar al menos un poco de la emoción que en esos momentos alberga mi corazón !, ojalá. Quisiera teneros por compañeros en las trabajaderas. Quisiera poder compartirlo con vosotros, quisiera que vierais en primera persona como hay costaleros que los quieren con delirio, y os aseguro que debajo de nuestros pasos hay cariño por todo aquel que se acerca a servir a Dios y a María. Allí no sobra nadie, todos son bien venidos, porque, ¿quien es nadie para discernir sobre la llamada de la fe desde una trabajadera?.

Todos somos necesarios. Señor, aquí tienes mis hombros, ésta es mi humilde ofrenda. Soy costalero.