Laicismo

eniendo en cuenta que las cofradías nacen en el seno de la Iglesia Católica, de donde reciben la savia vivificadora que es la Fe, y el cumplimiento de los preceptos y enseñanzas del catolicismo tan arraigados en ésta nuestra Europa, sería un error por parte de los católicos, el desviarse del camino marcado por ésta, así como una negación implícita de Cristo mediante las burlas de lo que representan las imágenes de nuestros Sagrados Titulares, los cuales nos congregan entorno a ellas; es traicionar los sentimientos que anualmente se juran defender.

Parece ser que se ha instaurado en España una labor encaminada a “descatolizarnos” mediante el principio de un Estado Laico, y por el mero hecho de serlo y con pretexto de libertad religiosa, se persigue a la Iglesia. Así, si las cofradías son hijas sumisas de la Iglesia, han de sentir los dolores y las amarguras que siente su Madre, han de llorar su pasión y han de sufrir la congoja de contemplar cómo la crucifican de nuevo, quedando liberados Barrabás y sus secuaces.

La Semana Santa no se puede convertir en un salir a la calle para recreo y esparcimiento de unos turistas, o conversión en escuderos de un proteccionismo económico que se garantiza a costa de su propia virtualidad y de su propia naturaleza. Si a las procesiones de Semana Santa se les quitara su espíritu religioso, acabarían con ellas en muy poco tiempo. Y el espíritu religioso no puede sin duda manifestarse entre amenazas, ruido y posibles blasfemias. Este espíritu religioso se mata si se pretende convertir a las procesiones en cabalgatas, con fantoches para atracción de forasteros, o que van buscando la sombra sagrada de los pasos para montar su tienda de mercader. O aquellos otros figurantes que van delante de las imágenes, más que para no perderse detalle, para saludar y ser saludados. Expositores ambulantes de medallas colgadas del pecho entre cera e incienso. Las cofradías no pueden, pues, hacer su estación de penitencia en el clima que se nos quiere imponer.