Adviento y Antífonas de la O

ermanas y hermanos, paz y bien.

Inmersos ya en este tiempo litúrgico de Adviento quisiera hacer una reflexión con vosotros sobre lo que este tiempo significa.

El tiempo litúrgico de Adviento son cuatro semanas en las que la Iglesia nos invita a meditar y reflexionar sobre nuestra vida de seguimiento de Cristo, porque Él viene, viene pronto. Esta fue su promesa a su comunidad de discípulos. Así pues, este tiempo tiene un marcado carácter de preparación para la culminación de los tiempos, para la venida de Cristo Resucitado; por ello la Iglesia implora en estos días “Ven pronto, Señor”, para que la historia del hombre, cada una de nuestras vidas particulares, alcancen su pleno sentido y desarrollo.

Sin embargo, a partir del día 17 de Diciembre, a una semana de la Fiesta de la Navidad, la Iglesia nos invita también, quizás de un modo más destacado, a reflexionar sobre este acontecimiento. María cobra aún mayor relieve, la Iglesia la acompaña en estos momentos previos al alumbramiento. Porque el que va a nacer es el Mesías prometido a nuestros padres. La promesa y la alianza hecha a Israel será llevada a término en la persona de Jesús.

En este contexto, hacia los siglos VII-VIII de nuestra era, se compusieron unas breves oraciones dirigidas a Cristo, que condensan el espíritu del Adviento y la Navidad, la admiración de la Iglesia ante el misterio de Dios hecho hombre para nuestra liberación, y la súplica de su pronto retorno.

En la Oración de la Iglesia, llamada Liturgia de las Horas, se recitan una serie de salmos y de himnos bíblicos. Cada uno de ellos va precedido y se concluye con una o unas pocas frases, que hacen alusión al salmo o himno al que acompañan, o bien a la festividad del día. Estas frases se denominan Antífonas. A partir del 17 de Diciembre, y acompañando al himno del Magníficat, el canto de alabanza a Dios entonado por María cuando visitó a su prima Isabel, se fijaron como antífonas las oraciones anteriormente citadas. Se denominan Antífonas Mayores, o Antífonas de la O. De la O porque todas ellas comienzan con una “o” que expresa admiración; en latín, simplemente “o”, en castellano sería nuestra “oh”. Así, cada antífona comienza con una admiración, seguida de un título mesiánico, esto es, un título dado en el Antiguo Testamento al Mesías prometido. Con ello, la Iglesia señala que es Jesús, este niño que nace en un pobre pesebre, el Mesías prometido. Los títulos, en latín, son los siguientes:

- Sapientia
- Adonai
- Radix
- Clavis
- Oriens
- Rex
- Enmanuel

Y las iniciales de estos títulos forman un acróstico en el que podemos leer “ERO CRAS” que significa “seré mañana”, pronto estaré con vosotros, y sería como la respuesta de Cristo a nuestra súplica, ya que cada antífona concluye implorando su venida.

Así pues, os deseo un provechoso tiempo de Adviento y una feliz Navidad.

José Antonio Rojas Martín