Pertenecer a una Hermandad no es cosa de moda.

os tiempos están en contra de nuestras corporaciones, ya que como miembros de la Iglesia, también somos atacados en la parte que nos toca. Me acuerdo que en otros momentos de nuestra historia, era normal que, en reuniones de amigos, conocidos, etc., saliera antes o después el tema de cofradías, preguntándonos: ¿Oye tú de que Hermandad eres? En estos días parece todo lo contrario. Ni se pregunta, por temor a que nos pongan cara de "¿Qué está diciendo este?".
Y es que ser cofrade o pertenecer a una hermandad no está de moda. Puede darnos miedo o vergüenza que nos miren de forma rara. Que aprovechando la ocasión, nos metan a todos en el cesto de la mala propaganda, que nosotros mismos sin darnos cuenta nos hacemos, o nos hacen los diferentes sectores de la sociedad a los que la iglesia no interesa. Está claro que las hermandades hacemos cosas que a veces no meditamos lo suficiente, pero como humanos, no somos perfectos y también nos podemos equivocar. No obstante estamos reconocidos ante toda la sociedad por la labor humanitaria, social y caritativa que diariamente llevamos a cabo. Claro que esta es, o debe ser, nuestra mano izquierda: tengamos en cuenta que no somos una ONG. Es la hora que las hermandades y los que pertenecemos a ellas, nos unamos con espíritu constructivo. Que salgamos en defensa de la Iglesia y de nuestras corporaciones, donde sea y como sea. Somos uno de los colectivos más mayoritarios de todo el país y nuestra voz debe ser oída. No nos movamos sólo por nuestros intereses particulares como cofradía y no caigamos en la desunión ni en la pasividad. Debemos quitarnos los miedos a las críticas, y defender nuestras creencias, empezando por informar, mover y dar un toque de atención dentro de nuestras propias corporaciones a nuestros hermanos de fila. Debemos aprovechar la oportunidad que se nos brinda para llenar nuestros templos, capillas, iglesias y Hermandades, y dar de además nuestro más sincero testimonio público de fe a nuestros cortejos procesionales, acompañando a nuestros titulares de manera masiva en todos los actos y llenando de hermanos y devotos los cortejos ya sea como penitente, costalero o acompañantes. Que no nos de miedo decir: soy cristiano, católico y pertenezco a esta hermandad, a lo que además tengo derecho como ciudadano y a ser respetado por ello. Por todo esto intentemos estar orgullosos de nuestra Hermandad, dando ejemplo de lo que debe ser un grupo de hermanos unidos por un mismo fin.