Vestir la túnica

a túnica es una llave para abrir las puertas del cielo

“La túnica es una llave
para abrir las puertas del cielo.”
Así lo pienso y lo digo,
así lo afirmo y lo creo.

La túnica nos hace iguales
ante los ojos del pueblo;
equipara a ricos y pobres,
iguala a último y primero.

Cuando inicias el camino
revestido de ruán negro
te acuerdas de aquel hermano
que hoy no pudo hacerlo.

Bajo el antifaz silente
de tu túnica de nazareno,
echas en falta al cofrade
postrado en su cama, enfermo.

Y recuerdas al emigrante
que en busca de su sustento,
marchó hacia otras tierras
dejando atrás su cimiento.

También sientes la ausencia
de aquellos que ya se fueron,
en su último viaje,
en busca del Padre Eterno.

Y pensando, pensando te dices:
Dios mío que suerte tengo,
al poder esta noche sagrada
ser uno más en tu cortejo.

Que suerte tengo Dios mío,
de contar con este tiempo,
para pensar tantas cosas
que siempre olvidadas llevo.

Esa Madrugá Bendita
te reviste de hombre nuevo,
y renuevas tu compromiso
de ser un poco más bueno.

Y te propones que tu vida
sea bálsamo en el sufrimiento
de los que alrededor tuyo
necesitan de tu aliento.

Y cuando, envuelto en tu túnica,
te presentes al de San Pedro,
dirás: “Ahí llega un cofrade,
y además, de los buenos”.

Por eso lo pienso y lo digo,
por eso lo afirmo y lo creo,
que la túnica es una llave
para abrir las puertas del cielo.